Hoy el 722 no pasa por su parada habitual. Las fiestas de Colmenar Viejo transforman sus calles, sus horarios y hasta sus recuerdos. Entre procesiones, toros, música y viejas amistades, descubrimos que algunos de los mejores viajes se hacen sin salir del pueblo.
Despertad
Capítulo V – Juan no está
El viernes me levanté un poco más tarde de lo habitual. Tenía revisión médica.
La edad no perdona… aunque, pensándolo bien, quizás no tenga nada que ver con la edad. Mi médico de Colmenar —no diré su nombre, pero es bien conocido— lo llama «chequeo médico». Yo prefiero llamarlo la ITV.
Capítulo IV — El rubio que callaba
Por la mañana viaja entre amigos y risas. Por la tarde, el rubio vuelve solo en el 722, con los auriculares puestos y algo que todavía no se atreve a contar.
Capítulo III — La niña del polvo y la espera
Un hombre sube al 722 con una carpeta y una fotografía. Lleva años esperando el momento de volver a mirar a la niña que aparece en ella.
Capítulo II — El chico del cuaderno azul
Subió al 722 con un cuaderno azul bajo el brazo.
Tendría dieciséis o diecisiete años. Pelo algo revuelto, vaqueros, zapatillas y una mochila negra que dejó caer entre sus pies nada más sentarse.
Yo estaba unas filas más atrás.
Capítulo I — La mujer del pañuelo rojo
Subió en la parada del Zoco.
Era bajita, arrugada y elegante. De esas mujeres que parecen haberse arreglado toda la vida incluso para bajar a comprar el pan. Llevaba un abrigo beige, unos zapatos oscuros y un pañuelo rojo anudado al cuello.
Diario en serie: Historias en el 722 (De Colmenar a Plaza Castilla… y más allá)
Cada mañana, cuando el reloj aún bosteza y la bruma de Colmenar apenas se ha levantado, él sube al autobús 722.
o tiene prisa. No tiene destino. Solo se sienta y espera.A veces, junto a la ventanilla. Otras, junto al pasillo. Y, cuando alguien se sienta a su lado, no tarda en surgir la chispa.