La futura macroplanta de biogás de Colmenar Viejo, situada en el entorno de la zona norte de Madrid, continúa generando preocupación por sus posibles efectos sobre los municipios cercanos.
Propietarios de las viviendas más afectadas por la contaminación de la planta estudian vender sus viviendas y trasladarse de municipio
Colmenar Viejo se está convirtiendo en un municipio poco atractivo para la llegada de nuevos habitantes. Así lo demuestran los datos estadísticos cuando sus cifras de crecimiento se comparan con las de municipios de similares características, como Tres Cantos, cuyo crecimiento y expansión territorial resultan mucho más pronunciados.
Hace escasas fechas, el Ayuntamiento presumía de haber llegado a los 60.000 habitantes. Sin embargo, la deficiente calidad de los servicios públicos del municipio hace que cada vez se lo piensen más aquellas personas que desean establecerse en Colmenar Viejo. Desde hace más de cinco años, Colmenar no tiene Urgencias sanitarias, que desaparecieron durante la pandemia, y no existen indicios de que se restauren ante la negativa de la Comunidad de Madrid, que cuenta con el beneplácito del propio Gobierno local.
A este desmantelamiento de uno de los principales pilares públicos, como es la sanidad, hay que añadir colegios sin climatización, instalaciones deportivas totalmente deterioradas y sin perspectivas de ser arregladas y, especialmente, que Colmenar Viejo sea el «basurero oficial» de la zona norte, al recoger la basura generada por más de 80 municipios. Su vertedero se ha ido ampliando con la construcción de nuevos vasos, contando con el beneplácito de los gobiernos del PP.
Sin embargo, con la llegada del actual Gobierno del PP y Vox y la alcaldía de Carlos Blázquez, el giro experimentado en los recortes del sector público y en los derechos de los ciudadanos y de la oposición a manifestarse en los plenos ha llegado ya a su punto crucial.
El actual alcalde, que encabezó la lista popular tras el fallecimiento en accidente de tráfico del anterior alcalde, Jorge García, es una persona que lleva desde muy joven viviendo de la política local. Finalmente llegó a la Alcaldía, un puesto que venía anhelando desde hacía años, pero para el que sus antecesores nunca le valoraron positivamente, entre otras razones por su ideología más extremista. Algún militante del PP ha llegado a señalar que, de no haber logrado encabezar la candidatura popular, se habría presentado en las listas de Vox.
EN BUSCA DE SU FUTURO
La política de Carlos Blázquez para continuar su futuro dentro de la política le ha llevado a ser un fiel sirviente de la presidenta madrileña, principal impulsora de la planta de biogás, que no ha contado con ninguna oposición del PP colmenareño. Esto puede servir para que Blázquez ocupe un puesto importante en la futura lista popular para las elecciones regionales madrileñas.
La planta de biogás, de no lograrse frenar en otras instancias, será una realidad en Colmenar Viejo, ya que el Gobierno municipal del PP y la abstención de una concejala del PSOE permitieron en 2025 que se tramitara dicha concesión.
La oposición vecinal es total, como se ha demostrado en las diferentes manifestaciones celebradas contra esta planta, que han contado con la participación de decenas de miles de colmenareños. Pero está claro que, para el Gobierno municipal de Colmenar Viejo y especialmente para su alcalde, es más importante su futuro político que la opinión de los vecinos, aunque esta sea mayoritaria.
LA CONTAMINACIÓN ESTÁ SERVIDA
A la contaminación que ya genera el vertedero habrá que añadir en el futuro, si no logra frenarse su implantación, la de la macroplanta de biogás. Como señalan numerosos investigadores, esta instalación tiene una alta probabilidad de generar malos olores debido al transporte y almacenamiento de miles de toneladas de materia orgánica.
También existe el riesgo de emisión de gases perjudiciales para la salud, como el ácido sulfhídrico, que desprende un olor a «huevos podridos» y es muy tóxico.
A todo ello hay que añadir el tránsito continuo de camiones que transportarán purines, desechos agrícolas, lodos de depuradoras, restos de mataderos, etcétera. Un ejemplo fue el derrame de purines ocurrido en Llutxent (Valencia).
También existe la posibilidad de escapes de biometano, que los expertos sitúan en torno al 5 % del producido. Además, hay que señalar que la instalación de una macroplanta de biogás suele producir un efecto llamada para la implantación de macrogranjas.
Igualmente, las aguas y el suelo se verán afectados por la contaminación como consecuencia de la filtración de digestato a los acuíferos subterráneos, provocando contaminación por nitratos y fósforo.
Aunque desde el Gobierno municipal se ha hablado de los puestos de trabajo, hay que recordar que el empleo que generan estas macroplantas es muy escaso, ya que se trata de instalaciones muy automatizadas, como reconocen las propias empresas que las gestionan.
ZONAS URBANAS MUY CONTAMINADAS
La ubicación de la macroplanta de biogás de Colmenar Viejo agrava aún más su efecto contaminante sobre la población colmenareña, ya que afecta de manera muy directa a zonas residenciales e incluso a algún centro educativo, que sufrirán de forma intensa los malos olores y la contaminación.
Este hecho ya ha llevado a algunos vecinos de las zonas más afectadas a valorar la posibilidad de poner a la venta sus viviendas y trasladarse de municipio si no se logra frenar su construcción, a pesar de que las obras ya se han iniciado.
El futuro que espera a estos vecinos colmenareños es muy negro si se hace realidad la instalación de la macroplanta. Por esta razón, están estudiando diferentes posibilidades para abandonar la zona en la que residen, pues saben que, si no lo hacen ahora, la contaminación también afectará negativamente al valor futuro de sus viviendas.
Con esta instalación contaminante, Colmenar Viejo es un ejemplo claro de que un equipo de gobierno no gobierna para el pueblo, como suele presumir en sus discursos, sino que lo hace de espaldas a él y priorizando sus intereses políticos particulares.