LA CAJA NO EXISTE (4)

LA CAJA

NIDI volvió a meterse en mis sueños sin pedir permiso. Esta vez no me enseñó ningún lugar extraño. Se limitó a mirarme y a decir algo que me dejó despierto mucho después de abrir los ojos: «DINI, la caja no existe».

DINI volvió a encontrarse frente a la Caja.

No sabía cómo había llegado hasta allí.

La última vez había intentado acercarse siguiendo una línea recta. NIDI le había hecho comprender que incluso aquella línea la había creado él.

Esta vez decidió no moverse.

—Muy bien, NIDI. Aquí estoy.

—¿Dónde?

—Delante de la Caja.

—¿Estás seguro?

DINI miró a su alrededor.

—La estoy viendo.

—Eso no significa que exista.

—Ya empezamos…

NIDI sonrió.

—¿Recuerdas Matrix?

—Claro.

—¿Recuerdas la cuchara?

DINI tardó un instante.

—Sí.

—El problema no era doblar la cuchara.

—Porque la cuchara no existía.

—Exactamente.

DINI miró la Caja.

—¿Me estás diciendo que la Caja tampoco existe?

—Te estoy diciendo que quizá llevas demasiado tiempo intentando abrir algo que solamente existe porque tú has decidido que está ahí.

—Entonces todo esto es absurdo.

—¿Por qué?

—Porque si la Caja no existe, tampoco existe nada fuera de ella.

—Eso lo has dicho tú.

—NIDI, me estás volviendo loco.

—No. Estoy intentando que dejes de pensar como siempre has pensado.

DINI volvió a mirar la Caja.

Seguía allí.

Perfectamente definida.

Real.

O al menos tan real como cualquier otra cosa que hubiera visto en su vida.

—Entonces, ¿qué hay fuera?

—Sigues haciendo la misma pregunta.

—Porque quiero una respuesta.

—Y quizá ese sea el problema.

—¿Buscar respuestas?

—Buscar solamente aquellas que puedes comprender.

DINI guardó silencio.

NIDI se acercó a la Caja.

—Mira alrededor, DINI. Has aprendido a creer únicamente en aquello que tus sentidos pueden entregarte. Lo que ves. Lo que oyes. Lo que tocas.

—Es una forma bastante razonable de saber que algo existe.

—También existen cosas que no ves.

—Claro.

—Ondas de radio. Campos. Radiaciones. Frecuencias que atraviesan este lugar ahora mismo y que tú no percibes.

—Pero podemos detectarlas.

—Algunas.

DINI levantó la mirada.

—¿Y las otras?

NIDI sonrió.

—Ahora empiezas a hacer mejores preguntas.

Hubo un silencio.

—¿Qué quieres decir?

—Que quizá llevas toda tu vida rodeado de información que no sabes recibir.

—¿Información?

—Llámalo como quieras. Ondas. Frecuencias. Señales. Ruido.

—El ruido no contiene necesariamente información.

—¿Y cómo sabes que es ruido?

DINI no contestó.

—Quizá lo llamas ruido porque no sabes decodificarlo.

Aquella frase se quedó suspendida entre los dos.

DINI miró nuevamente la Caja.

Por primera vez tuvo la sensación de que no debía observarla con los ojos.

—Entonces… ¿el más allá está ahí?

—¿Qué más allá?

—Lo que haya fuera. Lo que no vemos.

—Otra vez estás intentando ponerle un nombre.

—Necesito llamarlo de alguna manera.

—Y en cuanto lo nombras, DINI, vuelves a construir otra Caja.

DINI soltó una carcajada.

—Contigo es imposible.

—Ese es el propósito.

Se acercó.

Esta vez no buscó una cerradura.

No intentó encontrar una puerta.

Simplemente puso la mano sobre la tapa.

—¿La abro?

NIDI no contestó.

DINI levantó ligeramente la tapa.

Solo unos centímetros.

No había luz.

No había oscuridad.

No había nada que pudiera reconocer.

Pero escuchó algo.

O creyó escucharlo.

Un sonido extraño.

Lejano.

Como miles de voces hablando al mismo tiempo desde algún lugar imposible.

DINI retiró la mano.

La Caja volvió a cerrarse.

—¿Qué coño ha sido eso?

NIDI sonrió.

—Ruido.

—Eso no era ruido.

—Entonces quizá has empezado a escucharlo.

DINI quiso volver a abrir la Caja.

Pero ya no estaba.

Miró alrededor.

—NIDI…

Nadie respondió.

DINI abrió los ojos.

La Caja 4Estaba de nuevo en el sofá.

La televisión seguía encendida.

Durante unos segundos permaneció inmóvil.

Después sonrió.

—Otra vez me has metido en mis sueños.

Miró hacia el techo.

—Otra vez has jugado conmigo.

Guardó silencio.

—Aunque, pensándolo bien…

Se incorporó un poco.

—Quizá esta vez me hayas dado una pista.

Entonces escuchó la voz de NIDI.

Muy cerca.

Demasiado cerca.

—DINI…

—¿Qué?

—Todavía no has despertado.