NO A LA COLONIZACIÓN DE LA NATURALEZA

Medio Ambiente

Los pueblos indígenas exigen recuperar sus tierras y su voz
La conservación no puede convertirse en una nueva forma de despojo. Proyecto Gran Simio y el Corredor Biológico Mundial reclaman a Naciones Unidas una respuesta urgente ante la denuncia histórica de 60 líderes indígenas de 16 países.

Cuando proteger la naturaleza significa expulsar a quienes siempre la han protegido

Durante siglos, la humanidad ha cometido un error que todavía hoy sigue repitiéndose: creer que la naturaleza puede salvarse separándola de quienes han convivido con ella desde hace miles de años. Hemos construido una falsa división entre el ser humano y la Tierra, olvidando que existen pueblos que no entienden la naturaleza como un recurso, sino como una parte inseparable de su propia identidad, de su cultura, de su espiritualidad y de su supervivencia.

Ahora, desde Nairobi, una voz colectiva de los pueblos indígenas del planeta ha lanzado una advertencia que debería estremecer las conciencias de todos los gobiernos y organismos internacionales: la conservación de la naturaleza no puede convertirse en una nueva forma de colonización.

Esta iniciativa ha sido organizada por Survival International, que ha redactado una contundente nota de prensa de la que, hasta el momento, se han hecho eco pocos medios. En ella se recoge una grave denuncia a la que se suman también Proyecto Gran Simio y el Corredor Biológico Mundial.

Survival International señala que sesenta representantes indígenas pertenecientes a pueblos de África, América y Asia, reunidos en el encuentro OLON (Our Land, Our Nature), han presentado el denominado Pronunciamiento de Nairobi, un documento en el que denuncian décadas de pérdida de territorios ancestrales bajo el argumento de la protección ambiental.

En la Declaración de Nairobi, los representantes indígenas dirigen sus críticas a diferentes organizaciones de conservación, entre las que citan a WWF, la Sociedad para la Conservación de la Vida Silvestre, African Parks, la UNESCO, la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), la Sociedad Zoológica de Frankfurt, la Alianza Internacional para los Grandes Felinos, la Sociedad Zoológica de Londres, Wildlife Alliance, Conservation International, The Nature Conservancy y Northern Rangelands Trust.

Los firmantes exigen que estas organizaciones abandonen sus territorios y respeten sus derechos, y reclaman también el cierre de los acuerdos sobre carbono y biodiversidad que, según denuncian, han sido suscritos en relación con territorios indígenas.

Los líderes indígenas no rechazan la conservación de la naturaleza. Al contrario: defienden una conservación basada en sus conocimientos tradicionales, en su relación ancestral con la tierra y en el respeto profundo hacia los ecosistemas que han protegido durante generaciones.

Su mensaje es claro:

“La conservación de la naturaleza debe estar dirigida por los pueblos indígenas, porque nosotros sabemos más.”

Una frase que debería ser escuchada en todas las instituciones internacionales. Porque no se puede proteger un bosque expulsando a quienes han vivido en él durante miles de años. No se puede defender la biodiversidad ignorando a quienes han mantenido vivos esos ecosistemas antes de que existieran tratados internacionales, parques nacionales o grandes organizaciones conservacionistas.

Una denuncia mundial: millones de personas afectadas

El pronunciamiento indígena presentado en Nairobi expone una realidad que afecta, según los datos recogidos por Survival International, a millones de personas indígenas de África, Asia y América.

La organización denuncia que al menos tres millones de personas indígenas están pagando un enorme precio humano en nombre de determinados modelos de conservación, sufriendo pérdida de territorios, restricciones sobre sus formas tradicionales de vida y, en algunos casos, violencia y hambre.

Asimismo, Survival International señala que alrededor de 1.100 millones de hectáreas de tierras indígenas han sido usurpadas o restringidas en nombre de la conservación.

Estas cifras muestran una contradicción profundamente dolorosa: mientras el mundo habla de proteger la biodiversidad y frenar la destrucción ambiental, algunos pueblos que han demostrado durante siglos ser sus mejores guardianes son apartados de sus propios territorios.

La conservación no puede construirse sobre la injusticia. La protección de la naturaleza no puede significar la desaparición cultural de quienes mejor conocen sus ciclos, sus especies y sus equilibrios.

“Esto no es conservación de la naturaleza. Es una mafia”

El Pronunciamiento de Nairobi recoge una denuncia extremadamente dura de los representantes indígenas, quienes afirman:

“Desde hace ya décadas, la poderosa industria de la conservación de la naturaleza nos ha usurpado y robado nuestros territorios bajo el pretexto de salvar a la Madre Tierra.”

Según los líderes participantes, algunos territorios indígenas han sido transformados en parques nacionales, reservas naturales, santuarios de vida silvestre o áreas protegidas sin contar con el consentimiento de sus habitantes originales.

También denuncian la expansión de mercados de carbono, créditos de biodiversidad y otros mecanismos económicos que, según su visión, pueden convertir la naturaleza en una mercancía y permitir que grandes empresas compensen sus impactos ambientales sin cambiar realmente sus modelos destructivos.

El documento denuncia además que determinados territorios considerados protegidos continúan siendo afectados por actividades extractivas como minería, plantaciones industriales, infraestructuras o turismo masivo.

La voz indígena de Nairobi no pide abandonar la conservación. Pide algo mucho más profundo: que la conservación deje de hacerse contra ellos y empiece a hacerse con ellos.

Proyecto Gran Simio y el Corredor Biológico Mundial: la naturaleza no puede defenderse expulsando a sus guardianes

Desde Proyecto Gran Simio llevamos años denunciando que la crisis ecológica mundial no es solamente una crisis de especies desaparecidas, bosques destruidos u océanos contaminados. Es también una crisis de valores.

Hemos olvidado que la Tierra no nos pertenece, que somos una especie más dentro de la comunidad de la vida y que existen pueblos que han mantenido una relación de respeto con la naturaleza mucho antes de que la sociedad industrial descubriera el concepto de conservación.

Los pueblos indígenas no son un obstáculo para proteger la biodiversidad. Son, en muchos casos, sus mejores aliados.

Sus territorios conservan algunos de los ecosistemas más importantes del planeta: selvas tropicales, bosques primarios, humedales, montañas y zonas de enorme riqueza biológica donde sobreviven especies amenazadas que han desaparecido de otros lugares.

Sin embargo, durante décadas, numerosos pueblos originarios han visto cómo sus territorios ancestrales eran declarados espacios protegidos sin su participación, perdiendo derechos fundamentales sobre unas tierras que sus antepasados habían cuidado durante generaciones.

La pregunta que debemos hacernos como humanidad es sencilla: ¿puede llamarse conservación a un modelo que expulsa a quienes han conservado la naturaleza durante miles de años?

Desde Proyecto Gran Simio consideramos que no.

La conservación del siglo XXI debe abandonar definitivamente cualquier herencia colonial y reconocer que los pueblos indígenas tienen derecho a participar en la gestión de sus territorios, respetando su cultura, sus conocimientos tradicionales y su propia relación espiritual con la Tierra.

La misma lucha: pueblos indígenas, grandes simios y biodiversidad

La defensa de los pueblos indígenas está íntimamente ligada a la defensa de los grandes simios y de todos los seres vivos.

Los chimpancés, bonobos, gorilas y orangutanes comparten con nosotros no solo una historia evolutiva, sino también los mismos ecosistemas donde viven numerosos pueblos originarios.

En las selvas de África central, los pueblos indígenas y los grandes simios han convivido durante miles de años. La destrucción de esos territorios afecta al mismo tiempo a las comunidades humanas y a nuestros hermanos evolutivos.

No podemos salvar a los gorilas del bosque sin escuchar a los pueblos que conocen ese bosque. No podemos proteger a los orangutanes de Borneo ignorando a las comunidades indígenas que han vivido junto a ellos. No podemos defender la biodiversidad mundial desde oficinas alejadas de la realidad de los territorios.

La naturaleza tiene voz. Y esa voz muchas veces pertenece a los pueblos indígenas.

Las voces de Nairobi

Tras varios días de trabajo, que desembocaron en el Pronunciamiento Indígena de Nairobi del pasado 25 de septiembre de 2026, numerosas intervenciones pusieron sobre la mesa la situación de los pueblos indígenas y, especialmente, la defensa de las mujeres y jóvenes que, según denunciaron los participantes, sufren violencia, explotación y ausencia de derechos en determinados territorios.

Entre las intervenciones destacó la de Félix Díaz, líder indígena del pueblo Qom de Argentina y presidente del Consejo Consultivo de los Pueblos Indígenas de ese país.

Díaz defendió la identidad y unidad de los pueblos indígenas y reclamó a los gobiernos protección efectiva de sus comunidades, sus territorios y su derecho a existir como pueblos originarios.

También intervino Marisa García Apagueño, lideresa del pueblo Kichwa de la Amazonía de Perú, quien señaló que el encuentro tenía un propósito fundamental: defender la vida, el territorio, el agua y la soberanía alimentaria de las futuras generaciones.

García Apagueño reclamó igualmente que se frene la mercantilización de los territorios indígenas y denunció la persecución y criminalización de quienes defienden sus tierras.

Declaración de Pedro Pozas Terrados, director ejecutivo del Proyecto Gran Simio

Pedro Pozas Terrados declara:

“Durante demasiado tiempo hemos cometido el error de pensar que la naturaleza se puede proteger sin contar con quienes forman parte de ella. Los pueblos indígenas no son invitados en sus propios territorios; son sus guardianes ancestrales.

La conservación no puede convertirse en una nueva forma de colonización. No podemos repetir los mismos errores que hemos cometido durante siglos, expulsando comunidades, ignorando culturas y tratando la Tierra como una propiedad que puede ser administrada desde fuera.

Los grandes simios, los seres vivos no humanos, los bosques y los pueblos indígenas forman parte de una misma historia. Allí donde desaparecen los derechos de los pueblos originarios, aumenta la destrucción de los ecosistemas y la pérdida de biodiversidad.

Desde Proyecto Gran Simio apoyamos firmemente el llamamiento realizado en Nairobi y pedimos a los gobiernos y organismos internacionales que escuchen esta voz antes de que sea demasiado tarde.

La humanidad debe comprender que proteger la naturaleza no significa apartarla del ser humano, sino recuperar una relación de respeto entre todas las formas de vida.”

Declaración de Jorge Extramiana, presidente del Corredor Biológico Mundial

Jorge Extramiana manifiesta:

“El Corredor Biológico Mundial nació con la idea de unir territorios, especies y culturas bajo un mismo principio: la vida en el planeta está conectada. No existe conservación real si dejamos atrás a los pueblos que han protegido esos lugares durante generaciones.

Los corredores biológicos no deben ser solamente líneas dibujadas sobre mapas. Deben ser espacios vivos donde naturaleza y comunidades humanas puedan convivir con dignidad.

La emergencia climática y la pérdida acelerada de biodiversidad requieren un nuevo modelo basado en la cooperación, el respeto y el conocimiento ancestral de los pueblos indígenas.

No podemos construir un futuro sostenible utilizando métodos del pasado. La humanidad necesita escuchar a quienes todavía mantienen una relación equilibrada con la Tierra.”

Una llamada urgente a Naciones Unidas

Ante la gravedad de las denuncias realizadas en Nairobi, desde Proyecto Gran Simio y el Corredor Biológico Mundial consideramos imprescindible que Naciones Unidas no permanezca como un mero espectador.

La Declaración de Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas, aprobada en 2007, reconoce derechos fundamentales como la participación en las decisiones que afectan a sus territorios, el respeto a sus culturas y el consentimiento libre, previo e informado.

Pero los derechos reconocidos sobre el papel deben convertirse en realidades sobre el terreno.

Por ello, Proyecto Gran Simio y el Corredor Biológico Mundial solicitan formalmente que Naciones Unidas convoque con carácter urgente un segundo encuentro mundial de pueblos indígenas en su propia sede, en Nueva York, para analizar la situación actual de sus territorios, escuchar directamente sus denuncias y establecer mecanismos efectivos de protección.

No puede existir una verdadera transición ecológica si continúa ignorándose a quienes han mantenido vivos los ecosistemas más importantes del planeta. No puede hablarse de justicia climática mientras se vulneran los derechos de comunidades indígenas. No puede defenderse la biodiversidad mientras se silencia a sus principales guardianes.

La Tierra no necesita más conquistadores. Necesita guardianes.

La humanidad se encuentra ante una decisión histórica. Podemos continuar con un modelo que convierte los bosques, los océanos y la biodiversidad en mercancías, o podemos construir una nueva relación con la Tierra basada en el respeto.

Los pueblos indígenas no están pidiendo privilegios. Están reclamando justicia. Están reclamando algo tan básico como poder seguir siendo quienes siempre han sido: guardianes de la vida.

Desde Proyecto Gran Simio y desde el Corredor Biológico Mundial hacemos nuestro su mensaje:

La naturaleza no se salva expulsando a quienes la protegen.

La naturaleza no necesita dueños. Necesita respeto.

No a la colonización de la naturaleza.

Sí a una conservación con los pueblos indígenas, no contra ellos.

Cuando un pueblo indígena pierde su tierra, la humanidad pierde una biblioteca viva de conocimiento, una cultura irrepetible y una parte de la memoria de la Tierra.