Mientras hablamos de proteger los océanos, de preservar la biodiversidad marina y de luchar contra el cambio climático, miles de cetáceos continúan encerrados en piscinas artificiales alrededor del mundo para divertir al ser humano. Delfines, orcas y belugas —seres de extraordinaria inteligencia y complejidad emocional— siguen condenados a una vida antinatural en espacios diminutos donde jamás deberían haber estado.

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