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No es oro todo lo que reluce

Sociedad
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En el pleno extraordinario de Tres Cantos, del pasado 15 de octubre, se aprobó una modificación del IBI para limitar a los grandes tenedores de viviendas y suelo la bonificación fiscal del 5%, pudiendo llegar a un máximo de 150€ por sujeto tributario.

Por ejemplo, un vecino que tenga un recibo del IBI de 500€ esta bonificación le supone anualmente 25€ menos de cuota, obviamente las grandes empresas tienen que pagar decenas de miles de euros y hasta ahora se bonificaba el 5% del total, ahora sólo se podrán deducir de sus recibos del IBI hasta que alcancen 3.000€, que supone el máximo de 150€ de bonificación que se les va a permitir.

La propuesta salió adelante con los votos a favor de PP y PSOE y las abstenciones de Ganemos, Ciudadanos y Podemos.

En principio lo que se pretende evitar es que empresas como Fidere y FCC se beneficien de las bonificaciones que afectan a los vecinos.  Parece una medida justa y equitativa, pero aunque la música suena bien la letra tiene discordancias.

En el caso de Fidere, el máximo tenedor de viviendas de Tres Canto propietaria de los pisos en alquiler de las 1000 viviendas, el IBI que paga el arrendador (Fidere) por estas viviendas se lo repercute a los arrendatarios, o sea que la bonificación que ahora se quita la acabarán pagando los inquilinos.

En el caso de FCC, el máximo tenedor de suelo en el nuevo crecimiento de Tres Cantos,  que ha sido propietaria del 100% del suelo de la vivienda protegida, del 83% del suelo de la vivienda colectiva y del 95% del suelo de la vivienda unifamiliar, y aunque en estos momentos  estos porcentajes serán menores dado que ya ha vendido gran parte de sus parcelas, resulta justo la limitación de la bonificación.

Lo curioso es que en el mismo pleno, en el siguiente punto del orden del día, se aprobó la devolución a FCC de 6.000.000€ del aval que tuvo que entregar por la concesión del desarrollo del nuevo crecimiento y que ascendía a 7.000.000€. Esta empresa tiene que urbanizar toda la zona nueva de la ciudad para entregársela al Ayuntamiento en las condiciones idóneas, y para que esto ocurra la garantía es el aval.

Sin embargo se va hacer efectiva la devolución del 85% del aval sin que se haya  finalizado toda la urbanización ni la recepción por parte del Ayuntamiento. Ni se ha descontado del aval las sanciones que están pendientes de valorar por el retraso de la urbanización que sea responsabilidad de FCC, y que es de 10 años. Así como, se debía descontar del aval los gastos judiciales que recaigan en el Ayuntamiento, y que provienen de denuncias de otros propietarios bien por la tardanza en la urbanización bien por la reparcelación que realizó FCC, u otros requerimientos que están pendientes por vía judicial. Las preguntas son ¿con el resto del aval se podrá hacer frente a la recepción de la obra si hay desperfectos? ¿se podrá sancionar a la empresa por la tardanza? ¿se podrá hacer frente a otros gastos, como los judiciales, que provengan de la actuación de FCC durante estos años?.

Lo normal es que los  avales se mantienen hasta que se finaliza por completo la relación contractual de las partes, y no es el caso. Por todo ello, entiendo que no es comprensible que se devuelvan 6 millones del aval. Una decisión que sí le vendrá bien a FCC, entre otras cosas, para hacer más llevadera la limitación de la bonificación del IBI.

Y me asalta otra duda de lo que realmente representa la limitación de la bonificación del IBI a estas empresas, y que proviene de la Ley de Sociedades. Según esta ley los tributos no estatales, como es el IBI, son deducibles en el impuesto de sociedades cuando el tributo incide en la actividad de la empresa, como es el caso tanto de Fidere como de FCC. Es lógico pensar que las dos empresas hacen efectiva anualmente esta deducción en sus respectivos impuestos de sociedades

En definitiva, resulta lógico llegar a la conclusión que la modificación para limitar la bonificación del IBI a estas empresas es simplemente una decisión de estética política, que da para un titular. Lo dice el refrán “no es oro todo lo que reluce”.

Lydia Martínez Mora