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¿CASTELLANO O ESPAÑOL?

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Con frecuencia se puede observar, en los medios de comunicación, la vacilación que hay a la hora de elegir entre estos dos términos: “castellano” o “español”, para referirse a la lengua que se habla ahora en España; en otras ocasiones sólo se emplea la palabra “castellano”, como en un artículo de ABC, del 31 de agosto de 1997, pp. 24-25, donde aparece esta palabra veinticuatro veces.

De todos es sabido que el “castellano” se llamó así porque, en el pasado, fue el dialecto que se hablaba en Castilla. La primera obra literaria, en castellano, es el Cantar del mío Cid (de hacia 1140). Para ver la diferencia que hay entre el castellano de entonces y el idioma que se habla hoy en España, pongo a continuación un párrafo de la obra mencionada; columna de la izquierda, tal como era el castellano en aquella época; columna de la derecha, como es el español ahora:

 

“Fincaron las tiendas
e prendend las posadas,
creçen estos virtos,
ca yentes son sobejanas.
Las arrobdas,
que los moros sacan,
de día e de noche
enbueltos andan en armas;
muchas son las arrobdas
e grande es el almofalla.
A los de mio Çid
ya les tuellen el agua.
Mesnadas de mio Çid
exir querién a batalla,
el que en buen hora nasco
firme gelo vedava.
Toviérongela en çerca
complidas tres sedmanas.”

(Cantar del Mío Cid. Editorial Edaf, Párrafo 33).

“Plantan las tiendas en tierra
preparando la campaña;
sus fuerzas van aumentando,
ya tienen gente sobrada.
Los centinelas que ponen
los moros, ya se destacan,
y ni de noche y de día
se desnudan de sus armas;
muchos son los centinelas
y mucha la gente armada.
A mío Cid y a los suyos,
logran cortarles el agua.
Las mesnadas de mío Cid
quieren presentar batalla;
el que en buen hora nació
firmemente lo vedaba.
Así tuvieron cercado
al Cid más de tres semanas.”

Después, bajo el reinado de los Reyes Católicos, el castellano se extendió por los reinos pertenecientes a las Coronas de Castilla y Aragón. El nieto de Isabel y Fernando, fue Carlos I (V en Alemania); de él, se dice esto:

“En 1536, Carlos V adoptó solemnemente la lengua española como lengua universal de la política, en un parlamento celebrado ante el papa Paulo III, en el cual rompió a hablar en español para acusar gravemente al rey de Francia; y cuando el obispo de Macón se quejaba de no entender la lengua, el César le respondió, según Brantôme: ‘señor obispo, entiéndame si quiere y no espere de mí otras palabras que de mi lengua española, la cual es tan noble que merece ser sabida y entendida de toda la gente cristiana’. (Enciclopedia Universal Ilustrada, Europeo Americana, tomo XXI, p. 416).

Por eso, cuando Felipe V realizó la unidad de España en un solo reino al principio del siglo XVIII, ya hacía mucho tiempo que el “español” era hablado por todos los habitantes de los reinos que formaron entonces ese único reino español.

Siguiendo el orden cronológico del devenir del “castellano”, leemos:

“Nombre que alterna con el de español para designar esta lengua. Esta alternancia fue muy favorecida por la Real Academia Española, que hasta 1924 utilizó el nombre de castellano en su Diccionario y en su Gramática. A partir de ese año, estas obras aluden ya a la ‘lengua española’. Refiriéndose a la designación de ‘lengua castellana’, Menéndez Pidal escribió en 1918: ‘Este término induce erróneamente a creer, dado su valor geográfico restringido, que fuera de Castilla no se habla la lengua literaria sino como importación. El término castellano puede tener un valor preciso para designar la lengua del Poema del Cid, cuando la unidad nacional no se había consumado, y cuando el leonés y el aragonés eran lenguas literarias. Pero desde fines del siglo XV la lengua que comprendió en sí los productos literarios de toda España... no puede sino ser llamada española’.” (Lázaro Carreter: Diccionario de términos filológicos, p. 83).

Ahora, si nos fijamos, en las columnas de más arriba, podemos observar la diferencia que hay entre el “castellano” del siglo XII y el idioma que hablamos hoy en España. Ante la realidad de esas dos formas de escribir (y de hablar), podemos asegurar que, desde las islas Canarias hasta Guipúzcoa, y desde Galicia hasta las islas Baleares (incluyendo los países hispanoamericanos) no hay ni una sola persona que hable o escriba en “castellano”. Por tanto, si en todo el territorio nacional no hay nadie que hable “castellano”, y, por el contrario, la lengua hablada por todos los habitantes de España “no puede sino ser llamada española”, según se dice en la cita de más arriba, ¿qué diferencia se puede ver ahora entre el “castellano y el “español”, en el cual aquél se ha transformado?:

“Lengua muerta. [...] Es aquella que ha dejado de hablarse como tal lengua, aunque se conserve transformada en otra u otras lenguas.”

“Lengua viva. [...] Lengua que se habla en la actualidad. Se opone a lengua muerta.” (Íd., pp. 285, 409-410).

Ahora bien, a pesar de estas realidades, cualquiera que lo desee, me puede contradecir con la Constitución en la mano, porque ésta dice:

“El castellano es la lengua española oficial del Estado. [...].” (Artículo 3: 1).

Mas, si alguien quisiere contradecir, sería bueno que tuviere en cuenta tres cosas:

1ª) Hacerlo en “castellano”, para demostrar que éste sigue usándose.

2ª) Que la Constitución podría haber sido redactada en “castellano”, para demostrar eso mismo.

3ª) Que el texto de la Constitución es un texto muy importante; pero escrito sobre un papel, y, sobre el papel, también escriben muchos escribidores; pero la Historia que es “a priori” no la pueden desescribir los desescribidores, aunque lo intentan con insistencia.

Por otra parte, el Instituto Cervantes, en la publicidad que hace de sí mismo en los medios de comunicación, dice: “El Instituto Cervantes es la institución pública creada por España en 1991 para promover universalmente la enseñanza, el estudio y el uso del español y contribuir a la difusión de las culturas hispánicas en el exterior. […]. Está presente en 87 centros distribuidos en 44 países por los cinco continentes. […].” (Tomado de Internet).

Ahora bien, si un habitante de esos 44 países viene a trabajar en España con su título oficial de la lengua española, expedido por el Instituto Cervantes en su país, y se presenta a un examen de unas oposiciones, y le preguntan, en un ejercicio tipo tex: ¿Cómo se llama la lengua que se habla en España: a) Castellano/ b) Español? Lógicamente, según ha estudiado en el Instituto Cervantes, contesta: “español”, y le ponen un cero en esa pregunta; situaciones parecidas a ésta se han dado, incluso entre españoles. Por tanto, en el momento que reformen la Constitución de 1978, es necesario que el artículo 3. 1, diga: “El español es la lengua oficial del Estado.” Además, así estaremos en armonía con lo que enseña “El Instituto Cervantes”, ya que hasta ahora hay una ridícula contradicción a nivel estatal.

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