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LA SUCESIÓN DE LOS ROMANOS PONTÍFICES O PAPAS

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La Iglesia Católica enseña que Cristo constituyó al apóstol Pedro como el primer Papa, y que los Romanos Pontífices son sus sucesores, los cuales se han sucedido ininterrumpidamente hasta nuestros días, porque nadie puede interrumpir esa sucesión cronológica; así lo dice:

            "El Papado fue instituido expresa y solemnemente por el mismo Jesucristo en la persona del apóstol Pedro y de sus sucesores. La prueba de este origen contiene los siguientes extremos: 1º, que Jesucristo confirió el Papado a san Pedro; 2º, que se le concedió no sólo a él sino a sus sucesores, y 3º, que los Romanos Pontífices son los sucesores legítimos de san Pedro." (Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo Americana, tomo 41, p. 928). “Que los Romanos Pontífices son los sucesores de san Pedro en ese Primado, resulta del hecho de darse en ellos y sólo en ellos, formando su catálogo una cadena no interrumpida que arranca de san Pedro, […]. Es indiscutible, por lo tanto, que Jesucristo estableció como Papa a san Pedro y sus sucesores, y que estos sucesores de san Pedro en el Papado son los Pontífices Romanos." (Id. p. 930). "[…] ningún poder humano podrá interrumpir la serie cronológica de los papas." Edelvives: El dogma católico, p. 162). Por fin, en ABC, del 20/4/2005, p. 30, se presenta la lista de “Todos los Papas de la historia”, desde “S. Pedro” hasta “Benedicto XVI”. Ahora bien, esto no es cierto; porque no existe esa “cadena no interrumpida que arranca de san Pedro”, como se afirma en esa cita; por tanto, pasamos a ver algunas interrupciones en esa cadena

INTERRUPCIONES EN ESA CADENA CRONOLÓGICA

            La realidad histórica muestra, por una parte, que sí ha habido interrupciones en esa cadena cronológica de los Romanos Pontífices, y, por tanto, hay lagunas en esa sucesión pontificia o papal, y, por tanto, faltan algunos eslabones en esa “cadena” de los Sumos Pontífices de Roma, como vamos a ver a continuación por orden cronológico; por otra parte, observaremos que el apóstol Pedro no fue el primer Sumo Pontífice de Roma, y, por eso, el Sumo Pontífice no es el sucesor de san Pedro; he aquí la prueba:

PRIMER ESLABÓN que falta:

            Hasta el año 313, la Iglesia cristiana era ilegal y perseguida, sufrió diez persecuciones; durante ese período, no existió en ella ningún hombre que tuviera la dignidad de Sumo Pontífice de Roma, porque ese cargo correspondía al emperador romano pagano. En ese año 313, el emperador romano Constantino, que era el Sumo Pontífice de la religión pagana de Roma, mediante el Edicto de Milán, dio la paz a la Iglesia, la legalizó y, a continuación, se unió a ella con su título pagano de Sumo Pontífice de Roma; él fue quien convocó el Concilio de Nicea en el año 325. Por tanto, desde el año 30, en el cual tuvo lugar la ascensión de Cristo y la Iglesia cristiana empezó a predicar por el Imperio romano, hasta el año 313, transcurrieron 283 años, durante los cuales no hubo ningún hombre que fuera Sumo Pontífice en la Iglesia cristiana; porque durante todos esos años el Sumo Pontífice era el emperador romano pagano.

En efecto, en el año 30, el Sumo Pontífice era el emperador Tiberio, que había heredado esa dignidad del emperador Augusto; todos los emperadores que siguieron a Tiberio, fueron heredando ese cargo y título hasta Constantino, quien introdujo esa herencia en la Iglesia; después los emperadores romanos sucesores de Constantino, a los cuales la Historia suele llamar emperadores "cristianos", continuaron siendo los Sumos Pontífices de la Iglesia, hasta que el emperador Graciano (375-383) abandonó ese titulo en el año 378 (según otros en el 375). La historia lo cuenta así: “Pontífice Máximo. Hist. Jefe supremo de la religión entre los romanos, que tenía autoridad absoluta e independiente.

Esta dignidad fue instituida por Numa Pompilio; después de la muerte de Lípido, Augusto se apoderó de ella, y todos los emperadores hasta Graciano siguieron su ejemplo”. […]. “Instaurado el Cristianismo, desaparecieron los pontífices paganos. Graciano rechazó la dignidad de esta clase en el año 375 después de J. C., como incompatible con la fe cristiana.” (Enciclopedia Universa Ilustrada ..., tomo 46, pp. 343, 346). Parece ser que esa dignidad de “Sumo Pontífice de Roma” sí fue compatible con la fe cristiana de los emperadores romanos que se sucedieron desde Constantino hasta Graciano, que fueron: Constantino II, Constante I, Constancio II, Juliano, Joviano, Valentiniano I, Valente.

Por fin, Cuando Graciano rechazó esa dignidad de Sumo Pontífice de Roma, la tomó para sí el obispo de Roma, a la sazón Dámaso (366-384), quien formuló "... por primera vez de manera rigurosa la doctrina del primado romano basado en el Tu es Petrus (Mateo XVI, 18), ..." (Miguel Artola: Textos fundamentales para la historia, p. 18). Es evidente que Dámaso, en lugar de decir que su dignidad de Sumo Pontífice Romano le vino del emperador romano Graciano, echó mano del texto de Mateo 16:18 para decir que le vino del apóstol Pedro. Por consiguiente, el primer Sumo Pontífice de la Iglesia fue el emperador romano Constantino; esto supone que desde la ascensión de Cristo hasta el año 313 hay una laguna de 283 años, durante los cuales no hubo ningún Sumo Pontífice Romano en la Iglesia; por consiguiente, esa laguna de 283 años es el primer eslabón que falta en la cadena cronológica de los Sumos Pontífices de Roma en la Iglesia.

SEGUNDO ESLABÓN que falta; el caso del papa Formoso, que abarca estos pontificados:

           Formoso (891-896) coronó a Lamberto de Espoleto como emperador de Italia en el año 892; pero, descontento de él, dio esta corona al rey de Alemania Arnulfo en el año 896; en este mismo año, murió el papa Formoso.

            Bonifacio VI (896) fue elegido como sucesor de Formoso el 11 de abril del 896; murió quince días después (según unos, de un ataque de gota; según otros, envenenado por Esteban, obispo de Anagni).

            Esteban VI (896-897), habiendo sido elevado al pontificado por el partido de Espoleto, enemigo de Formoso, desenterró el cadáver de éste (después de nueve meses sepultado), lo presentó ante el "Sínodo del Terror" o "Sínodo Cadavérico"; allí fue despojado el cadáver de todas sus vestiduras, excepto del cilicio que tenía pegado a la carne; se lo condenó, se declaró su pontificado ilegítimo y las ordenaciones hechas por él, inválidas; se le cortaron los tres dedos de la mano derecha que había usado para bendecir, y se entregó el cadáver al populacho, que lo arrastró por las calles de Roma hasta el río Tíber, donde fue arrojado. Después estalló un levantamiento en Roma contra el papa Esteban VI; los rebeldes lo encerraron en la cárcel y allí lo estrangularon en julio del año 897.

            Romano (897) sucedió a Esteban VI y murió a los cuatro meses de su pontificado.

            Teodoro II (897). Su pontificado sólo duró veinte días; pero reconoció el pontificado del papa Formoso, cuyo cadáver mandó enterrar "en San Pedro en 897, pues había sido extraído del río y enterrado secretamente."         

Juan IX (898-900), en un sínodo celebrado en Roma, anuló el "Sínodo Cadavérico", quemó sus actas y excomulgó a los que tomaron parte en él si no pedían perdón; así reivindicó la memoria del papa Formoso.

            Benedicto IV (900-903) tuvo en gran veneración la memoria del papa Formoso.

            León V (903), cuyo pontificado sólo duró cuatro meses; fue asesinado por su capellán, que lo sucedió.

            Cristóbal I (903-904), asesino de su antecesor; pero su pontificado sólo duró seis meses, porque fue estrangulado en la cárcel, donde había sido recluido por su sucesor, Sergio III.

            Sergio III (904-911) fue puesto en el Pontificado por el partido de Adalberto, marqués de Toscana. Sergio III, nada más llegar al Pontificado, en un sínodo, volvió a renovar la condena del papa Esteban VI contra el papa Formoso; por lo que el pontificado del papa Formoso quedó anulado para siempre. "'[…]. Obispos, presbíteros, diáconos ordenados por él fueron depuestos y se les obligó a la reordenación. Prohibiose dar al papa Formoso el nombre de sacerdote, […]. En la tumba de Esteban VI hizo grabar (Sergio III) palabras ofensivas contra el papa Formoso'. Con Sergio se inicia el período que los historiadores denominan 'pornocracia romana' […]." (Enciclopedia Universal Ilustrada Hispano Americana, tomo 24, p. 484). Gonzaga, Javier: Concilios, tomo I, pp. 282-284. Marx, J: Compendio de Historia de la Iglesia, pp. 245-247).

            Por consiguiente, los cinco años del pontificado del papa Formoso, entre los años 891-896, constituyen otra laguna en la cronología de los Sumos Pontífices Romanos, la cual es el segundo eslabón que falta en esa cadena de Pontífices. Por consiguiente, el apóstol Pedro no fue el primer Sumo Pontífice de la Iglesia cristiana, sino que el primer Sumo Pontífice en la Iglesia fue el emperador romano Constantino, quien introdujo y ostentó en ella esa dignidad a partir del año 313, lo cual constituye, como ya hemos indicado más arriba, la primera laguna o el primer eslabón de 283 años que faltan en esa cadena cronológica, en la que la segunda laguna o eslabón de cinco años que faltan son los que corresponde al pontificado del papa Formoso, como queda indicado.

Por otra parte, además de esas dos lagunas de 283 años y de 5 años, que hay en la sucesión de los Pontífices romanos, existe una sucesión muy curiosa, que tuvo lugar cuando el papa Benedicto IX vendió su cargo de Papa al papa Gregorio VI; éste es el relato histórico: “Después de la muerte de Juan Crescencio (1012) sobrevino para el Pontificado otra época de calamidades. El conde Túsculo, Alberico, descendiente de Teofilacto y de Teodora la mayor, logró la elección de su hermano Teofilacto, con el nombre de Benedicto VIII (1012-1024), y por algún tiempo hizo el Papado hereditario en su familia. Benedicto era de suyo buen gobernante, aunque aseglarado al principio, y recibió con prontitud las indicaciones del santo Emperador Enrique II, para la reforma y bien de la Iglesia. Su hermano Romano, que luego pasó a ser Papa Juan XIX (1024-1033), estuvo del todo sometido a sus poderosos parientes. A su muerte, hicieron Papa a Teofilacto, hijo de Alberico y niño de doce años, que se llamó Benedicto IX, y con su indigna vida profanó la Sede pontificia (1033-1046). En 1044, los romanos lo expulsaron y pusieron en su lugar al obispo de Sabina, Juan, que tomó el nombre de Silvestre III. Poco después regresó Benedicto IX, expulsó a su rival, y ante el disgusto de los romanos, renunció la tiara en Juan Graciano (Gregorio VI), por una no pequeña cantidad de dinero (1045). Entonces, finalmente, intervino el Emperador Enrique III: los sínodos de Sutri y de Roma (1045-1046) depusieron a los tres Papas, y con Clemente II (1046-1047) comenzó una serie de Papas alemanes, ...”. (J. Marx: Compendio de Historia de la Iglesia, traducida del alemán por Ramón Ruiz Amado, S. J., Editorial Librería Religiosa, Barcelona, 1959, pp. 248-249). Al comienzo de esta Historia de la Iglesia, hay una carta de la secretaría del Papa dirigida a J. Marx, en la que se elogia esta obra y se dice al autor: “... el augusto Pontífice envía a V. cordialmente, su Apostólica Bendición.” A continuación, hay otra carta similar dirigida al traductor. Por todo lo observado hasta aquí, en esta pequeña porción de la historia del Papado, vemos que nada tiene que ver Cristo ni el apóstol Pedro en el origen ni en la sucesión de los Pontífices Romanos, por mucho que algunos se empeñen en rescribir la Historia, retorciéndola y desfigurándola hasta dejarla irreconocible; pero a su medida. Por esto, para refrescar la memoria, aquí van estos versos.

EL JUICIO DEL CADÁVER

Al pobre papa Formoso,

de la tumba lo sacaron

y su cadáver llevaron

ante un tribunal fogoso.

El cadavérico tribunal

o “Sínodo del Terror”,

con asombro y con horror,

cual una agencia infernal,

A Formoso condenó,

anuló el pontificado

y lo que había ordenado,

y tres dedos le cortó.

Su cadáver fue arrastrado

por las calles hasta el río

y, aunque allí hacía frío,

al Tíber fue arrojado.

De las aguas lo sacaron,

sus amigos en secreto,

y, con cariño y respeto,

más tarde lo sepultaro.

La sucesión pontificia,

una cosa muy banal,

un montaje artificial,

una cadena ficticia.

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